El presidente Javier Milei fue el orador principal en la cena anual de la Fundación Libertad, un evento que reunió a la plana mayor del pensamiento liberal y contó con la presencia de figuras de peso como la senadora nacional, Patricia Bullrich, y el ex presidente Mauricio Macri. En un discurso cargado de definiciones ideológicas y datos económicos, el mandatario aprovechó el estrado para fijar posición sobre la política internacional y, principalmente, para marcar una distancia abismal con sus aliados del PRO en cuanto a la velocidad del ajuste.
Al inicio de su alocución, el jefe de Estado se tomó un momento para solidarizarse con el escenario político de los Estados Unidos. “Quiero expresar mi más enérgico repudio al intento de asesinato de Donald Trump”, sentenció Milei, vinculando este hecho con una lectura global sobre el comportamiento de las facciones de izquierda. Según el mandatario, ante el avance del liberalismo en las urnas, los sectores del marxismo y el colectivismo “no tienen ningún problema de recurrir a la violencia” para frenar el cambio.
En su diagnóstico, Milei sostuvo que la caída del Muro de Berlín no fue suficiente para terminar con las ideas colectivistas, las cuales -a su criterio- se reconstruyeron mediante la “batalla cultural”. En este sentido, destacó la importancia de instituciones como la Fundación Libertad para confrontar estas ideas en todos los planes. Para el presidente, el éxito electoral del liberalismo ha vuelto “profundamente violentos” a sus opositores, quienes ven a los seres humanos como “meras piezas de un tablero”.
Uno de los momentos más tensos de la noche se dio cuando el mandatario lanzó una crítica “por elevación” a Mauricio Macri, quien lo escuchaba desde la audiencia. Milei arremetió contra quienes hoy “se llenan la boca” criticando su gestión, pero que, cuando estuvo en el poder, consideró que ajustar más de un punto del PBI por año era una meta inalcanzable. Con tono desafiante, contrastó esa gradualidad con el ajuste de cinco puntos del PBI realizado por su actual ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
En la misma línea, el presidente calificó de “delincuencia” y de conducta “inmoral” la toma de deuda pública. Explicó que financiar el presente con deuda es pasarle la “cuenta de la fiesta” a las generaciones futuras, niños y nietos que aún no pueden defenderse con el voto. Para Milei, el endeudamiento y la suba de impuestos son ataques directos a la propiedad privada, alejándose así de las recetas económicas que caracterizaron al gobierno de Cambiemos entre 2015 y 2019.
Apoyándose en autores como Milton Friedman, el mandatario aseguró que el verdadero tamaño del Estado se mide por el gasto público y no sólo por la recaudación. Detalló que, bajo su administración, no sólo se bajó el gasto, sino que se devolvieron dos puntos y medio del PBI a los argentinos mediante la eliminación de impuestos. Afirmó que el tamaño actual del sector público nacional ronda los quince puntos del producto, un nivel históricamente bajo si se descuenta el peso de las jubilaciones sin aportes otorgadas por gestiones anteriores.
Al referirse a los ajustes implementados por su administración, el mandatario aseguró que, tal cual prometió en su campaña presidencial, el “ajuste” fue absorbido por el sector público y “pagó la casta”. “¿Saben a quién le fue peor en términos reales? A mí. Soy el único que no se modificó el sueldo desde que asumí. Soy el presidente que menos gana en América. Cayeron los salarios del sector público”, insistió.
Respecto a la herencia recibida, Milei remarcó que luego de asumir se enfrentó a un sobrante monetario y un déficit en el Banco Central que superaba con creces los peores registros de la economía nacional. Sostuvo que, de no haber intervenido con “liberalismo puro y duro”, la inflación técnica podría haber escalado hasta un escalofriante quince mil por ciento anual, convirtiéndose a la Argentina en Venezuela.
El mandatario también cargó contra el “relato kirchnerista” y tildó de “brutos” a quienes comparan su actual tasa de inflación con la de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. Explicó que la dinámica que recibió era de aceleración constante, en la cual cada gobierno entregaba al sucesor una inflación mayor. En este tramo, no dudó en atacar directamente al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, a quien llamó “el soviético” por su visión de la intervención estatal en la economía.
Para sustentar su optimismo, Milei presentó gráficos que muestran la desaceleración de los precios mayoristas como un indicador adelantado de la inflación minorista. Aunque reconoció que el número actual sigue siendo “horrible”, insistió en que lo importante es la tendencia descendente y el hecho de haber evitado la explosión de nueve bases monetarias de deuda en pesos que vencían al inicio de su mandato. “Esto no fue magia, fue control fiscal y monetario”, remarcó.
En cuanto a la deuda externa, el presidente fue tajante al desglosar las responsabilidades históricas. Señaló que, de los US$381.000 millones de deuda acumulada desde 2001, la gran mayoría corresponde al kirchnerismo. Si bien admitió que durante el gobierno de Macri la deuda aumentó en US$60.000 millones, reafirmó que el peso principal recae en el “populismo salvaje” que gobernó durante gran parte del siglo XXI.
Finalmente, el mandatario aseguró que la relación deuda-producto en el país pasó del 100% al 40% en pocos meses. Con una promesa dirigida a los inversores, Milei concluyó afirmando que el país honrará todos sus compromisos financieros. “Tarde o temprano el riesgo país se va a destrozar”, vaticinó, confiando en que la disciplina fiscal innegociable terminará por normalizar la situación crediticia de la Argentina ante el mundo.
El discurso en la Fundación Libertad funcionó así como una doble señal: hacia afuera, una ratificación del rumbo promercado y el alineamiento con figuras como Donald Trump; y hacia adentro, un mensaje de autoridad que busca jubilar las recetas del gradualismo y consolidar su liderazgo como la única alternativa viable para la reconstrucción económica del país.
Región: mirada sobre Venezuela
Antes de la llegada de Milei, el ex presidente Mauricio Macri compartió escenario con Álvaro Vargas Llosa y juntos escucharon el mensaje grabado que envió María Corina Machado y hablaron sobre la situación de Venezuela. “Todavía en Venezuela no está imperando un sistema democrático. Hay mucho por reconstruir”, dijo y señaló que “Estados Unidos no puede quedarse tranquilo en un supuesto alineamiento” del Gobierno de transición venezolano y reclamó un “calendario electoral”. “María Corina es un gran ejemplo para todos los dirigentes que están acá de que lo importante es el para qué”, remarcó Macri.
Fuente: LA GACETA